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¿Cómo responder a preguntas incómodas o comprometidas?

Lo que a continuación vas a leer es importante y necesario, no sólo para quien quiera ganar un debate de competición sino para cualquiera que se vea expuesto a preguntas. Éste es el primero de los artículos referidos a la técnica del debate y la oratoria aplicada a la competición.

 La pregunta tiene una característica psicológica que la hace especialmente útil en un debate. Si yo pregunto “¿De qué color es la camiseta que llevas?”. Tú sin poderlo evitar respondes la pregunta. Si tienes la respuesta cerca (como tu camiseta) la mirarás o la recordarás. Si la respuesta está lejos o es compleja (como un proceso) tendrás que pensarlo. Pero en todo caso, responderás. Ésa es la fuerza de la pregunta, que siempre se responde.

Así, cuando la contraparte nos hace una pregunta, los jueces tienden a responderla en su cerebro. Eso implica que la pregunta despierta en ellos un marco determinado, una serie de referencias sobre los que valorarán nuestra respuesta. Por otro lado el juez, al escuchar una pregunta, valora de forma especial la respuesta. Es decir, la pregunta crea un entorno complejo que si es superado por la respuesta hace que sólo ésta última sea recordada.

Por lo tanto, a la hora de responder, tenemos que recordar:

-Los jueces ya han respondido la pregunta (el público también): Si mi respuesta no es la misma que ellos han generado debo ser especialmente claro al emitirla. Debo marcar bien cada paso de la respuesta (con tono y mirada) para que ésta sea la recordada.

-Debo recordar mi marco de postura: Al escuchar una pregunta tendemos a responder conforme a los términos de la misma. Es lógico, dado que una pregunta imprime una imagen en nuestro cerebro que hay que completar, damos la respuesta a partir de los términos de la pregunta. Sin embargo esto supone dar énfasis a las ideas de la contraparte (que es su postura, sus argumentos, pero también las palabras con las que califica cada frase). Por lo tanto debo responder a las preguntas a partir de los términos de mi equipo. De este modo despierto la imagen de los elementos de mi postura ante los jueces. Es decir, completo la imagen de la pregunta con “mi” imagen.

-Cada pregunta es una oportunidad: Dado que la pregunta “exige” mentalmente una respuesta, el hecho de que yo la de es una necesidad satisfecha. Así que debo enfocarla como algo positivo, que es lo que es. Supone un momento para volver a tomar el control de los que me escuchan del modo que lo hago refutando, colocando mi imagen por encima de la de la contraparte. Pero para que sea una oportunidad debo recordar lo fundamental, debo aprovecharla. Esto significa que al escucharla debo mantener la orientación hacia mi postura. Es decir, enfoco la respuesta a los objetivos de mi posición. Enlazo la respuesta con mi intervención.

-Hay momentos buenos y malos para las preguntas: Las preguntas son una oportunidad pero a menudo los beneficios que traen son menores que los que supone seguir con la intervención. Así, en España hay “zonas protegidas” en las intervenciones. En Latinoamérica y USA no siempre es de este modo, con lo que obliga aprender a proteger los espacios propios. En todo caso es importante tener en cuenta varias partes. La primera es que antes de que responda cualquier pregunta, debo haber contextualizado y avanzado en mi posición. Así pues, no se responden preguntas en los primeros momentos. La explicación es que respetamos al público y los jueces, y no se les puede dejar sin haber dibujado en su cerebro la postura. La segunda es que es necesario que nuestra postura quede bien definida y sea recordada. Por lo tanto debemos acabar nosotros la intervención. Es decir, aunque compitamos en América, siempre debe ser nuestra argumentación la que acabe la intervención.

-Una pregunta es una oportunidad, muchas son ruido: Ya sabemos por qué nos benefician las preguntas y por qué debemos aprender a responderlas. Pero, ¿Cuántas debo responder? La respuesta no puede ser cerrada. Sí, debo saber que los jueces esperan de un debate intercambio de ideas, así que debo responder. Por otro lado si respondo demasiadas estoy mostrando que tiene control del tempo del debate es la contraparte. Responder a muchas implica que no voy a poder dar la presencia que se requiere a mi argumentación. Ellos van a tener el control de mi intervención. Así pues, tres respuestas satisfarán las necesidades de los jueces así como permitirá que se desarrollen tus argumentos. No obstante, el número dependerá de la longitud del turno.

Artículo escrito por Yago De Marta, Consultor Asociado del Centro Interamericano de Gerencia Política.

Fuente: yagodemarta.com

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