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Lenguaje corporal: Los gestos dicen más que las palabras

El lenguaje corporal es una herramienta que toda persona pública debería saber utilizar en el momento de establecer contacto con su audiencia. Todo nuestro cuerpo expresa distintas emociones como la felicidad, la tristeza, los nervios, el miedo, entre otras sensaciones. Sin embargo, con la combinación de nuestro cuerpo y las palabras podemos llegar a demostrar mucho más de lo que queremos, e incluso, podemos denotar ideas que sean negativas de forma inconsciente. Tener una buena posición, generar seguridad y confianza a la hora de expresarse es crucial para la imagen del líder, y estos gestos ilustradores son parte esencial de la comunicación política.
Entre las expresiones corporales que, desafortunadamente, nos otorgan una impresión negativa se encuentran los gestos manipuladores y los empeoramos si nuestro discurso es débil. Estos movimientos corporales suelen ocurrir cuando la persona tiene sensaciones de miedo o siente nervios, lo cual es muy frecuente cuando hay que dirigirse a un público grande y que la persona a disertar va a ser evaluada y juzgada. Los gestos manipuladores muestran una distorsión de lo que realmente queremos comunicar, es decir, que en vez de sustentar lo que decimos, tendemos a disociar el habla del cuerpo. Un ejemplo claro en la política fue el del discurso de Nixon y Kennedy, donde se pudo observar el cansancio del primero y la vitalidad del segundo. El cuerpo hablo más que las palabras y fue para la política el pie inicial para tratar el tema de la comunicación no verbal (CNV).
Sin embargo, se puede lograr establecer una relación entre el cuerpo y el habla, teniendo en cuenta los siguientes factores: la firmeza y el movimiento corporal acompañado de un buen discurso. El habla no pasa a segundo plano, más bien, es un complemento. Pero, los gestos son parte de la comunicación, entonces, al referirnos al lenguaje corporal, queremos señalar todos los movimientos de nuestro cuerpo y tales deben ser realizados con confianza y solidez, no debemos dejar entrever ningún hilo de debilidad, como también no debemos permitir escucharnos desganados e inseguros. Entre otras aptitudes, hay que tener en cuenta la velocidad de los movimientos al mismo tiempo que nos estamos dirigiendo a la audiencia. Mostrarnos serenos, pero fuertes es una señal de equilibrio y seguridad, de lo contrario, si nos movemos demasiado rápido o hablamos a gran velocidad se podría ver como si estuviésemos apurados por darle un desenlace al tema en discusión o si nos demostramos muy relajados y haciendo muchas pausas no nos veríamos lo suficientemente creíbles y el mensaje se tornaría difícil de comprender.
En fin, los pasos para saber cómo movernos y como armonizarlo con un buen discurso tiene sus secretos, pero lo principal es estar consciente de nuestros movimientos, que es lo primero que sobresale cuando una persona está hablando. Indudablemente, la combinación del habla y los gestos corporales son la clave principal para atraer al público deseado.

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