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Marketing político: El arte de vender un candidato como un detergente.

En el Instituto Tecnológico de California se realizó una interesante investigación a cargo de los profesores Michael Spezio y Antonio Rangel que consistió en una serie de pruebas en las que los participantes (estudiantes de dicha facultad) analizaban las fotos de políticos locales que fueron candidatos al Congreso de los Estados Unidos en las elecciones de los años 2000, 2002 y 2004 y señalaran cuáles consideraban más competentes para el cargo.

Un dato interesante de este experimento fue que los políticos pertenecían a otros estados y eran prácticamente desconocidos para los voluntarios. Sorprendentemente la percepción visual de los participantes anticipó el resultado de los candidatos en cada elección. También, manipulando la duración de las imágenes los participantes calificaron exitosamente a los ganadores y perdedores. Cabe destacar que también fue posible detectar una particular actividad en la zona cerebral de los participantes cuando miraban las fotos de los candidatos perdedores, actividad que se produce ante emociones negativas asociadas a comportamientos de evitación.

Estas investigaciones reflejan como el cerebro crea una opinión sobre los candidatos antes de tener tiempo de reflexionar en ello. Esto comprueba científicamente la correlación entre la elección y la actividad cerebral. Esta idea de que los ciudadanos podían ser persuadidos fácilmente para elegir a un candidato apareció hace 53 años en el libro “Las formas ocultas de la propaganda” de Vance Packard. El autor cita al Doctor Dichter quien sostuvo que “las largas peroratas sobre el tema como la inflación y Corea tendrían en realidad muy poco que ver con el resultado de la elección” y que lo que importaba era el impacto emotivo ejercido por los candidatos rivales”. Anthony Downs en su “Teoría económica de la democracia” sostenía que una “ignorancia racional” en los ciudadanos que, conscientes de la baja posibilidad de cambiar la elección optaban por no informarse adecuadamente sobre las propuestas de los ciudadanos.

Para Downs, los partidos políticos desarrollaban ideologías que funcionaban como marcas, resumiendo información sobre un candidato simplificando la tarea de los ciudadanos al elegir. En este sentido, el profesor Al Ries, autor del libro “Posicionamiento” explica que la mente del consumidor funciona como un fichero en el que los productos se almacenan partiendo de etiquetas para clasificarlos fácilmente.

En resumen, la ciencia comprueba la postura de Winston Churchil al decir que “el mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio”.

Informacion obtenida de www.diariodemocracia.com.

Comments (2)

Ciertamente es necesario orquestar una campana politica donde el o los candidatos conecten con las emociones qu embargan al elector, o sea, con sus necesidades materiales.

PEDRO DÍAZ ROMERO

AUNQUE LAS CARACTERÍSTICAS DE LA CLIENTELA ELECTORAL ES DISTINA, PORQUE ESTÁN IMPLÍCITOS IMPERATIVOS QUE VAN DESDE LAS NECESIDADES BÁSICAS COMO EL COMER DIARIO, PASANDO POR BUSCAR LOS BIENES CAPITALIZABLES Y TERMINANDO POR UNA “DOMÉSTICACIÓN” POR EL INTERÉS DE IDENTIDAD CON UNA TENDENCIA POLÍTICA; ES MUY NECESARIO TENER COMO HERRAMENTAL TEÓRICO-PRÁCTICO DISTINTAS FORMULAS DE APLICACIÓN.

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