Un poco de humor político… pero siempre con respeto

Desde que conocimos a Obama nos hemos preguntado quién es ese personaje tan pintoresco y atractivo. Uno se encuentra hipnotizado al escucharlo hablar, con su cadencia tan particular y su porte que impone respeto pero familiaridad. Podemos afirmar, si, que Obama es alguien astuto, carismático y que posee una gran cualidad: es capaz de llegar a todas las audiencias que se le pongan delante, de hacerlas reír y llorar, de emocionarse y sentirse patriotas, todo en un solo discurso. 

En la Cena de los Corresponsales de la Casa Blanca, vimos a un Obama distendido, ácido y desplegando uno de sus mejores atributos, su sentido del humor. Hizo bromas desde el principio, tanto sobre sí mismo como sobre el resto de los personajes y personalidad que asistieron a la gala. No escapó nadie a sus bromas, ni siquiera su esposa Michelle, quien fue, con mucho tacto, ridiculizada por su marido por su popularidad y por el poder que ha adquirido su imagen en los medios de comunicación recientemente, al aparecer como portada de varias revistas de renombre. En teoría, todo su encanto se debe a su lacio y brillante flequillo, el cual el presidente no dudaría en emular si de eso dependiera el aumento de su popularidad en este segundo periodo de gobierno.

Pero no confundamos su carisma con su astucia, el poder de oratoria del presidente es tan grande, que en menos de media hora logró hacer referencia a diversos y contrapuestos temas sin perder el hilo de su discurso ni la atención de los presentes. Con su amplia sonrisa entró al recinto al son de un rap, si si, de un rap, hizo algunos chistes referidos a la cultura afroamericana y no dudó en lanzar una ácida crítica a los republicanos sobre su falta de compromiso y atención a las minorías, una de las cuales, él es parte. No dudó en matizar sus divertidas críticas con periodos de seriedad, como cuando habló sobre los hombres y mujeres que se sacrifican por la nación, o al mencionar las características que se requieren para liderar el país de manera consciente y responsable. Pero eso solo tomó un segundo, inmediatamente lanzo algunos dardos a quienes, se supone, deben mantenerlo humilde, nombró a unas cuantas cadenas de noticias y habló sobre los preconceptos que tenemos de ellas logrando la risa generalizada de los comensales. Retomó el tono serio al elogiar la labor periodística de los miles de corresponsales que intentan causar un efecto positivo en la audiencia, aquellos que creen y viven en una actitud de servicio hacia la población y desempeñan sus tareas con compromiso y tratando de lograr sus metas cada día mejor, esforzándose y viviendo con la actitud americana de que quien se esfuerza en la vida, triunfará.

El presidente, en su tono relajado, logra imponer su punto de vista usando el humor, la amabilidad y la calidez para transmitir sus ideas. Un ejemplo que muchos políticos deberían emular para lograr acercarse al pueblo y transmitir sus ideales sin tanta agresividad ni negatividad.

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